|
Entre el miedo y la comodidad
Por Jose Luis Lopez
Hace poco un amigo me comentaba con asombro y al mismo tiempo
cierta impotencia, que ya le daba miedo conectarse a Internet.
"He tenido que reinstalar todo más de tres veces en el último
año, y por lo menos en una oportunidad, perdí todos mis
documentos de trabajo".
Claro, mi primera pregunta fue si tenía antivirus actualizado
cuando ello le ocurrió. Estoy acostumbrado a una respuesta que
casi siempre intenta eludir la propia culpa, amparado en un
desconocimiento que no es tal, solo para no reconocer que la
comodidad siempre gana la partida.
Es que la mayoría de las personas, odian estar pendientes de
actualizaciones, parches, o cualquier cosa que signifique seguir
una rutina diaria, tal como asegurarse de que el antivirus se
actualizó, o si es necesario un nuevo parche para el sistema
operativo.
En una de nuestras listas, una asidua participante, que conoce
ampliamente nuestra prédica de seguir una conducta definida y
responsable para evitar las infecciones, comentaba con cierta
culpa que le era muy difícil evitar abrir esos mensajes
misteriosos que le llegaban, "porque siempre podría ser algo que
me podría interesar, aún cuando no lo hubiera pedido".
Y ni que hablar que al insistirle en deshabilitar la vista
previa en su programa de correo, a regañadientes confesaba que
eso era una comodidad que le costaba mucho abandonar.
Claro está, que esa misma persona, hace un tiempo, tuvo que
pagar un costo mayor cuando un virus le hizo perder toda su
información personal, incluidos documentos que quizá nunca
vuelva a recuperar.
El suyo no es el único caso por supuesto. Pero es paradójico que
quienes desean estar protegidos, sin tener que "sacrificar
comodidades", casi siempre también sean los más acérrimos
enemigos a mecanismos automáticos que pretenden ayudar en ese
tema.
Un ejemplo; una de las últimas versiones de un conocido
cortafuegos de uso personal (ZoneAlarm), incluyó una opción
automática para examinar si existen actualizaciones a los
efectos de descargarlas apenas aparezcan. La mayoría de los
usuarios, por múltiples motivos, estuvieron disconformes con ese
tipo de actualización; tal es así que apenas un mes después, se
publicó una nueva versión en donde se volvió a cambiar la opción
automática por la antigua, que le da al usuario la opción de
elegir.
Por supuesto que es una situación extrema, pero explica a lo que
me refiero. Cómo también es cierto que en el caso de los
antivirus, la mayoría de los productos en el mercado, poseen una
forma de actualización automática para sus bases de datos. Pero
el problema con esto, es que no todas las personas la activan
para hacer la descarga con la regularidad aconsejada hoy día;
esto es, cada una hora, al menos para quienes poseen conexiones
de banda ancha las 24 horas del día.
Lo mismo pasa o pasará con otra clase de software. Por ejemplo,
entre los anuncios de Microsoft para aumentar la seguridad de
sus productos, está la posibilidad de actualizaciones
automáticas. Para muchos, ésta es una buena noticia, pero
apuesto que "en la vida real", otros tantos estarán
disconformes; bien porque lo consideran un atentado a su
privacidad, como por el hecho de estar utilizando software
ilegal y temer las represalias.
Cómo si todo ello fuera poco, en muchos países no hay una
verdadera conciencia de la importancia de los virus informáticos
para las economías actuales. Por ejemplo, hace unos días, dos
jueces argentinos, sobreseyeron a un individuo acusado de enviar
virus a través del correo electrónico. Para los jueces, el fallo
estaba justificado porque a pesar de haber ocasionado grandes
perdidas económicas a una empresa, "la figura de daño sólo puede
verificarse cuando alguien 'le destruya o inutilice' a un
tercero una cosa mueble, inmueble o un animal". Y una red
informática no se enmarca en ninguna de esas clasificaciones
para las leyes argentinas.
Es cierto que las leyes de muchos países están muy
desactualizadas con el mundo de hoy día. Pero, ¿cómo se explica
que en Estados Unidos o España, se traten hechos fundamentales
sin actitudes más decididas?. El spam, ya de por si, es una
verdadera lacra para quienes usamos correo electrónico. Pero lo
más terrible, es que las técnicas usadas por los spammers, se
apoya en tecnología desarrollada por creadores de virus. Y
viceversa, muchos virus se propagan a través del envío masivo en
forma de spam.
Cuando se espera que a principios de 2004, el 70% de los
mensajes electrónicos circulando por las redes, sea correo
basura (actualmente es casi el 60%), es fácil deducir que el
spam y los virus, están hoy día muy emparentados, y por lo
tanto, para luchar contra uno hay que hacerlo también contra el
otro.
Sin embargo, en Estados Unidos el presidente Bush aprobó una ley
que de alguna forma "legaliza" el spam, en lugar de terminarlo.
Y en España, la tan discutida LSSIE (la Ley de Servicios de la
Sociedad de la Información y del Comercio Electrónico), creada
con la intención de terminar con el envío de correo no
solicitado, termina permitiéndolo.
La sociedad virus spam tiene otra faceta, que para personajes
tan importantes en el mundo de los antivirus, como Eugene
Kaspersky, puede ser preocupante. El spam genera dinero, tanto
que es muy probable que lo controle una mafia. Para Kaspersky,
el crimen organizado podría asumir el control de programadores
de virus y distribuidores de spam. La razón es algo fácil de
explicar, es un negocio que vale millones de dólares.
En el otro extremo de este panorama nada agradable, estamos
nosotros, los simples usuarios "de a pie", y los que terminamos
pagando los platos rotos. O bien por la molestia de tener que
desactivar una comodidad como el panel de vista previa, o por la
cantidad de dinero extra que le terminamos pagando a las
telefónicas por culpa de descargar cientos de mensajes que no
pedimos, y que además pueden tener virus.
Y aunque seguramente se repetirá en otros usuarios (y cada vez
más), la decisión de mi amigo de restringir sus conexiones a
Internet por un simple y directo temor, también es cierto que se
puede sobrevivir si simplemente cambiamos nuestra actitud ante
el uso de nuestra computadora.
Por supuesto, no es la mejor solución, y seguro tampoco la más
cómoda, pero establecer una actitud crítica y responsable sobre
el correo recibido, borrando sin más todo aquello que parezca
sospechoso, aunque lo mande un conocido, y vencer la curiosidad
de abrir todo mensaje que llegue a nuestra bandeja de entrada,
es el primer paso que deberíamos dar.
El siguiente, es convertir nuestro acceso a Internet en una
estricta rutina, para mantener al día nuestros antivirus y
nuestros programas, complementado con alguna inscripción a
sitios que nos remitan diariamente la información actualizada de
lo que está ocurriendo "ahí afuera" en el tema virus y
seguridad.
Luego de ello, podremos disfrutar de todo lo maravilloso que
tiene la red, y el esfuerzo habrá valido la pena. |